La cinta dirigida ahora por Nia DaCosta continuó con la exploración sobre qué sucedería en el mundo cuando se le da luz verde a las armas y las balas
Exterminio o formas en que el poder nos mira

La última película de la saga de Exterminio, 28 years later: The bone temple deja en claro que esta serie de cintas no abordan convencionalmente a los zombies. Al contrario, remarcan una parábola sobre los usos del poder militar cuando se les da rienda suelta. La cinta dirigida ahora por Nia DaCosta continuó con la exploración sobre qué sucedería en el mundo cuando se le da luz verde a las armas y las balas. Y esto fue posible gracias a los guiones de Alex Garland.
Recordemos que, en toda la saga, Garland se ha mantenido. Desde ese final retorcido de 28 days later en donde las mujeres que acompañan al protagonista interpretado por Cillian Murphy son “usadas” por los militares porque “se les prometió”, hasta la escena de 28 weeks later cuando, para frenar la propagación de los infectados con el virus de la rabia, los militares deciden abrir fuego contra la población en general, sin distinguir sobre si contrajeron el virus o no.
En la tercera entrega, la historia de Alex Garland nos coloca en una suerte de génesis de la milicia: Spike, el joven protagonista de la película, es obligado por su padre a ser macho, esto es, a que desde temprana edad (incluso criticada por sus allegados) tenga que enfrentar a los infectados para demostrar virilidad y hombría. Recordemos que. tras esa escena, su papá glorifica las acciones de su hijo sin que estas hayan sido reales. No es accidental que, para ese momento de la película, se nos evoquen imágenes de la Segunda Guerra Mundial y cruzadas en la Edad Media, como si en el fondo, la demostración de virilidad fuera una demostración del poder en una guerra.
En la entrega más reciente de la saga, Jimmy, el líder del grupo que aparece hacia el final de su cinta antecesora -al que Spike se ve obligado a unirse- podría ser una extensión de lo que la milicia puede representar en el universo de Garland, es decir, una entidad con poder que en momentos de crisis se le da total libertad para hacer prácticamente lo que sea. Desconocemos si Jimmy y su grupo se ganaron esa licencia, pero lo que sí queda claro es que, para ellos, un infectado y una persona normal son iguales, el trato de uno es similar al del otro. Y aquí radica la fuerza especial que Garland ubica en 28 years later: The bone temple a través de la figura del doctor Kelson.
El personaje interpretado por Ralph Fiennes es compasivo. En vez de huir del infectado alfa, lo adopta y hasta entabla una amistad con él. Porque pese a todo no le quiere quitar la dignidad humana que alguna vez tuvo. Recordemos que el templo de huesos que erige es para rendir tributo a todos los infectados que murieron, pero que por su propia condición se les deshumanizó y, por lo tanto, se les negó un acto fúnebre digno.
El doctor Kelson incluso concluye, derivado de sus investigaciones, que los infectados atacan no por “maldad”, sino por miedo, porque piensan que el mundo los va a lastimar. Entonces, Kelson se encuentra del otro lado, del lugar en donde aprendió a ser compasivo incluso con aquellos con quienes no debería de serlo, pues ¿por qué ser compasivo con un infectado? Esa me parece una crítica central al ejercicio del poder exhibido en los largometrajes de Garland: cuando este deshumaniza.
Recordemos otra película fuera de la saga de Exterminio, dirigida y escrita por Garland que también resalta por su posicionamiento crítico frente al poder regado sin límites. Este es el caso de Civil war. La escena en cuestión es cuando el grupo de periodistas son sometidos por un par de militares que por tener la pistola de su lado creen que pueden hacer lo que quieran.
El soldado interpretado por Jesse Plemons les interroga sobre qué tipo de americanos son. Pese a todo, los reporteros responden “correctamente”, pero su compañero que es de Hong Kong es asesinado frente a ellos. A esto se refiere la propuesta de Garland, el poder sin límites; con el elemento extra de que en momentos de crisis se le ve como la única salida.
Mientras otras películas sobre zombies se limitan a escenas de acción en donde la supervivencia se vuelve clave, la saga de Exterminio abunda en nuestra noción de cómo somos vistos cuando estamos sanos y cuando estamos infectados ante un tipo de poder. Es en el centro de esta exclusión en donde florece la intención de dividir todo lo demás, y se concreta por medio de la fuerza. Las películas de Garland nos colocan ante la posibilidad de reflexionar cuando un ejercicio de poder se hace sin límites. Podemos pensarlo con armas y uniformes de militares, pero también podemos articularlo como encarnaciones del fascismo, el racismo, la xenofobia y la aporofobia.









