El fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), es considerado uno de los narcotraficantes más sanguinarios de América Latina en tiempos recientes

Inteligencia, firmeza y cero impunidad


Los ejes de seguridad de la presidenta Sheinbaum —inteligencia, atención a las causas, consolidación de la Guardia Nacional, fortalecimiento de la investigación y coordinación con cero impunidad— condujeron a un operativo audaz, casi temerario, ejecutado con el valor de las fuerzas federales para lograr la detención de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el enemigo público número uno del país y también uno de los principales objetivos de Estados Unidos.
Este personaje, fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), es considerado uno de los narcotraficantes más sanguinarios de América Latina en tiempos recientes. Su nombre se convirtió en sinónimo de violencia extrema, expansión territorial y desafío abierto al Estado mexicano.
La detención no fue sencilla. Descabezar una organización con el poder logístico y armado del CJNG implica asumir riesgos mayores. El reacomodo de los grupos delincuenciales tras la caída de su líder tiene una naturaleza inevitablemente beligerante. Lo que viene será complejo y exigirá la misma capacidad operativa, inteligencia estratégica y valentía institucional para evitar fracturas violentas o disputas internas que afecten a la población.
Dos cosas han quedado claras en este episodio. Primero: el gobierno federal no mantiene acuerdos de complicidad con grupos criminales. Segundo: no hay espacio para la impunidad. El mensaje político es contundente y envía una señal hacia dentro y fuera del país sobre la determinación del Estado mexicano.
¿Quién es “El Mencho”?
Nemesio Rubén Oseguera Cervantes fue durante más de una década uno de los narcotraficantes más buscados por México y Estados Unidos. Nacido en Aguililla, Michoacán, migró joven a Estados Unidos, donde fue detenido y deportado.
A su regreso se integró al narcotráfico en Jalisco y, tras la fragmentación del Cártel del Milenio, cofundó el CJNG junto a Erick Valencia Salazar, “El 85”.
Bajo su liderazgo, el grupo se expandió aceleradamente, controló rutas estratégicas y consolidó el tráfico de drogas sintéticas como el fentanilo hacia Estados Unidos, acompañado de redes complejas de lavado de dinero.
La DEA ofrecía hasta 15 millones de dólares por información que llevara a su captura, mientras el Departamento de Justicia estadounidense lo acusaba de múltiples delitos federales.
Con su muerte queda claro que la caída de un líder no resuelve por sí sola el fenómeno criminal, pero sí redefine el tablero. El golpe es simbólico, operativo y político.
Lo que también ha quedado claro en lo que va del gobierno de la presidenta Sheinbaum es que está actuando sin miedo ni cálculos mediáticos. Lo está haciendo con contundencia, la que no tuvieron las administraciones del pasado.







