El choque de puños entre Claudia Sheinbaum y Alejandro Armenta reflejó la cercana relación entre la presidenta y el gobernador de Puebla.
Sheinbaum-Armenta y el cordial choque de puños

El choque cordial de puños, en señal de celebración mutua durante el arranque de la Jornada Nacional de Reforestación, entre Claudia Sheinbaum Pardo y Alejandro Armenta fue descriptivo y preciso de la buena relación, personal y profesional, entre la presidenta y el gobernador, y muestra evidente de cómo Puebla se ha convertido en el epicentro de algunos de los principales anuncios e inicios de programas y obras de la jefa del Estado mexicano.
Puebla, las y los poblanos, así como el mandatario Armenta, tienen un lugar preferente en el ánimo, en la mente y en el corazón de Sheinbaum, al grado de que, con su presencia este fin de semana, para entregar vivienda y dar arranque a esa gran cruzada ecológica, sumó ya su decimocuarta visita desde que despacha en Palacio Nacional.
De esas 14 visitas, han sido 13 con Alejandro Armenta en la gubernatura.
En promedio, Claudia Sheinbaum está en nuestro estado cada dos meses y aquí lo mismo ha comenzado el programa nacional de vivienda, que ha arrancado —en los albores de su administración— el plan Mujeres del Bienestar; igual que ha respaldado a migrantes; que ha presidido el Desfile del 5 de Mayo, ya en dos ocasiones; o que, como este domingo en el parque Izta-Popo, comenzó la Jornada Nacional de Reforestación, que sumó a las 32 entidades de nuestro país.
A su llegada a ese parque nacional, a las faldas de los eternos guardianes del Valle de Puebla, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, Claudia Sheinbaum bajó de su vehículo para caminar más de medio kilómetro, lo que le permitió saludar, mano a mano, a muchos de los poblanos y las poblanas de San Nicolás de los Ranchos y de otros municipios cercanos.
Casi una hora se retrasó el arranque del acto presidencial, pero eso ha estado ocurriendo en muchas otras plazas, pues la gente hace lento el andar de la presidenta porque quiere saludarla, porque quiere tocarla, porque quiere abrazarla. Así ocurría en la campaña, y eso habla de por qué su popularidad sigue por encima de 70 por ciento, en promedio.
Alejandro Armenta la esperó con paciencia, conocedor de estos pasos, siempre mirando a los ojos de la gente, como él mismo lo hace en su cotidiano ejercicio de gobierno.
La relación entre los dos es notablemente buena.
De los 22 gobernadores y gobernadoras afines a la Cuarta Transformación que actualmente ejercen una administración en el país, es Armenta uno de los más reconocidos y de los que ha demostrado estar más en sintonía con la presidenta, con su ideología, con su ideario y con sus políticas públicas y acciones.
Catorce visitas de la presidenta a Puebla, 13 de ellas con Armenta como gobernador, es un dato duro e irrebatible que evidencia la relación entre los dos, que camina de la mano.
En el acto, la presidenta pidió dejar de llamarle a este lugar, entre el Popo y el Izta, «Paso de Cortés», para llamarle ahora «Paso de los Pueblos Indígenas».
Fue después del discurso presidencial cuando, entre la presidenta y el gobernador, lo dijo todo un cordial choque de puños.












