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¿Los pedófilos nacen o se hacen?

Por: Tonatiuh Maximiliano / @reporteroguapo El escándalo del legislador de Morena, Saúl Huerta Corona, ha traído a la opinión pública el antiguo debate sobre si la pedofilia es una condición congénita o no, y si quienes la presentan deben ser considerados como…
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Por: Tonatiuh Maximiliano / @reporteroguapo

El escándalo del legislador de Morena, Saúl Huerta Corona, ha traído a la opinión pública el antiguo debate sobre si la pedofilia es una condición congénita o no, y si quienes la presentan deben ser considerados como enfermos o simplemente como delincuentes.

La respuesta es «como ambas cosas». Dado que un pedófilo es un adulto consciente, que conoce la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, puede y debe hacerse responsable de sus actos.

Sin embargo también es cierto que los pedófilos obedecen a impulsos primitivos que escapan más allá de cualquier comprensión e incluso a sanciones o actos coercitivos, como puede ser el hecho de que todos sabemos que tener relaciones con un niño o un adolescente es un delito penado que se castiga con cárcel.

Mucha gente se ha preguntado en estos días, por qué el diputado Saúl Huerta, teniendo dinero y poder, no pudo satisfacer sus deseos sexuales con personas mayores de edad, acaso sexoservidores. «Al fin y al cabo hubiera podido encontrar chavos más guapos», me comentó alguien recientemente.

Las razones van más allá de esa simple explicación lógica, que para la mayoría de las personas con una mente sana, suena plausible. Pero para un enfermo, en el extenso sentido de un trastorno mental, lo anterior no es una salida adecuada, mucho menos satisfactoria.

El pedófilo sentirá el impulso de tener relaciones con menores de edad, sean hombres o mujeres (eso depende de los propios gustos de cada quien), y no se excitará con personas adultas. Su parafilia data en la mayoría de los casos de un «descoyuntamiento» es decir, un momento en el que torció el instinto natural primario, que para la Psicología es el instinto sexual, y buscará repetirlo una y otra vez con el fin de alcanzar una satisfacción.

Por lo demás, esta satisfacción sólo será temporal, pues al igual que pasa con el alcohol y las drogas, la necesidad de repetir sus actos siempre irán de menos a más. De hecho no es nada extraño que el pedófilo tenga también problemas de consumo en el alcohol o en las sustancias prohibidas, las cuales le sirven ya sea para «animarse», sustraerse de la realidad o justificar sus condenables actos, pero una vez que pase el efecto de euforia también puede sobrevenir la culpa.

Respecto al descoyuntamiento, este normalmente es una violación sexual, lo cual nos lleva al lamentable terreno, una y otra vez comprobado, de que los abusados en la infancia se convierten de grandes en abusadores, perpetuando el horrible círculo vicioso de víctima-victimario, que para ciertas filosofías o religiones sólo puede ser fracturado con la intervención divina de un poder superior.

Los expertos en Psiquiatría y Psicología Social han establecido métodos de terapia para tratar estos casos. La «recuperación» suele estar basada en el programa de 12 pasos que inauguró Bill Wilson en 1936 para tratar la adicción al alcohol. Se trata, entre otras cosas, de psicoterapia no dirigida o grupos de autoayuda en los cuales, un enfermo le hace ver al otro lo aberrante de sus actos y lo peligroso de su comportamiento, además de las nefastas consecuencias que le acarreará si da rienda a sus deseos nocivos.

Lamentablemente, los expertos coinciden en que una vez que un pedófilo es detenido y llevado a la cárcel, difícilmente «curará» su trastorno pues allí sólo reprimirá el deseo y sucumbirá al uso de otras sustancias con el fin de enajenarse. Si el pederasta llega a salir de prisión, estará más que ansioso por volver a ejecutar sus pensamientos, a menos que haya recibido terapia y se apegue a su programa de recuperación.

También es importante decir que al igual que el alcoholismo y la drogadicción, este problema es incurable, progresivo y casi siempre mortal.

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