La flor de cempasúchil es un símbolo del Día de Muertos, pero también tiene una historia ancestral y usos que van más allá de los altares.

¿Para qué sirve la flor de cempasúchil? Aquí 5 datos que quizá no conocías

Quizá alguna vez te has preguntado para qué sirve la flor de cempasúchil, uno de los símbolos más representativos del Día de Muertos. Cada 1 y 2 de noviembre, sus pétalos de color amarillo y naranja adornan los altares y forman caminos que, de acuerdo con la tradición, guían a las almas de los difuntos hasta las ofrendas.
Sin embargo, esta flor, conocida también como flor de muerto, tiene una historia que se remonta a las culturas prehispánicas y cuenta con características y usos que van más allá de las celebraciones.
Desde su relación con el sol hasta su presencia en la gastronomía, en ALMANAQUE te contamos cinco datos curiosos sobre el cempasúchil.
1. La flor de cempasúchil puede alcanzar casi dos metros de altura
Aunque suele destacar por su presencia en las ofrendas, la flor de cempasúchil también llama la atención por su tamaño. Esta planta herbácea anual y aromática puede alcanzar hasta 1.8 metros de altura.
Su nombre científico es Tagetes erecta y pertenece a la familia Asteraceae, cuyas plantas se caracterizan por tener flores agrupadas en capítulos.

Además, forma parte del género Tagetes, originario del continente americano. En México existen 35 especies de este género, de las 58 registradas en América.
2. Los mexicas relacionaban el cempasúchil con el sol
El nombre cempasúchil proviene del náhuatl Cempohualxochitl, que significa “veinte flores”.
Para los mexicas, el color amarillo de esta especie estaba relacionado con el sol, por lo que la consideraban un símbolo de vida y muerte. Esta asociación explica su presencia en altares, ofrendas y entierros dedicados a los difuntos.

Con el paso del tiempo, la flor se convirtió en uno de los elementos más reconocibles de las celebraciones del Día de Muertos en México.
3. Tiene usos medicinales tradicionales
El cempasúchil también ha sido valorado por sus usos en la medicina tradicional mexicana. Desde la época prehispánica, se ha empleado para atender distintos malestares.
Entre los usos tradicionales que se le atribuyen están el alivio de problemas digestivos, la fiebre y algunas molestias respiratorias, como la tos. También se ha utilizado para los cólicos menstruales y para atender problemas de la piel, como salpullidos, llagas y verrugas.

Otros usos tradicionales incluyen calmar los nervios y ayudar a combatir el insomnio. Algunas de estas prácticas aparecen documentadas en el Códice Florentino, una obra del siglo XVI que recopila información sobre la vida y la cultura de los pueblos del centro de México.
Estas referencias forman parte de la historia de la medicina tradicional, pero no significan que la eficacia de la flor para tratar esos padecimientos esté comprobada.
4. Se utiliza para teñir prendas, objetos y alimentos
El color intenso del cempasúchil no solo sirve para decorar las ofrendas. La flor también se aprovecha para obtener colorantes naturales que pueden utilizarse en objetos, prendas y alimentos.
Su uso se extiende a la avicultura, donde se incorpora a la alimentación de las aves para intensificar la coloración amarilla de su piel y de la yema de los huevos.
Así, una flor asociada con una de las tradiciones más importantes de México también tiene aplicaciones en actividades productivas.
5. El cempasúchil también se utiliza en la gastronomía
Otro dato curioso es que esta flor puede aprovecharse para elaborar distintos productos comestibles. Entre sus usos se encuentra la preparación de nieves, cervezas artesanales y pulque.

Su presencia en la gastronomía demuestra que el cempasúchil no se limita a los altares del Día de Muertos, sino que también forma parte de distintas formas de aprovechar los recursos vegetales.
¿Para qué sirve la flor de cempásúchil?
Además de su color y aroma, el cempasúchil tiene un significado cultural que se ha transmitido durante generaciones. Sus pétalos se colocan en los altares y se esparcen en caminos que, según la tradición, ayudan a las almas a encontrar el camino de regreso a casa.
Por eso, cada año, esta flor vuelve a ocupar un lugar central en las celebraciones mexicanas: representa una conexión entre la memoria de quienes murieron y las tradiciones de quienes los recuerdan.












