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El cometa 3I/ATLAS sorprende a la comunidad científica con un brillo azul: ¿A qué se debe?

Observaciones obtenidas por las misiones solares STEREO-A, SOHO y GOES-19 revelan que su brillo está aumentando más de veinte veces por encima de lo previsto, un fenómeno sin antecedentes entre los cometas de origen interestelar.

El cometa 3IATLAS sorprende a la comunidad científica con un brillo azul

El cometa 3I/ATLAS, un objeto procedente de otro sistema estelar, está causando revuelo entre los astrónomos debido a un comportamiento tan extraño como espectacular. Conforme se acerca al Sol, este visitante interestelar incrementó su luminosidad de manera abrupta y mucho más rápido de lo que cualquier modelo cometario había anticipado.

Observaciones obtenidas por las misiones solares STEREO-A, SOHO y GOES-19 revelan que su brillo está aumentando más de veinte veces por encima de lo previsto, un fenómeno sin antecedentes entre los cometas de origen interestelar.

Un estudio reciente firmado por Qicheng Zhang, del Lowell Observatory, y Karl Battams, del Laboratorio Naval de Washington, divulgado en arXiv, detalla la evolución explosiva del objeto: cada vez que reduce a la mitad su distancia al Sol, su luminosidad se dispara más de cien veces. En un cometa convencional, ese incremento suele ser mínimo.

Zhang lo resume con contundencia: “Estamos observando un comportamiento explosivo. No hay registros de algo similar en un objeto de este tipo”.

Cometa 3I/ATLAS rompió las expectativas

Descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema ATLAS, el cometa 3I/ATLAS fue identificado desde el inicio como un intruso interestelar, siguiendo la estela de ‘Oumuamua y 2I/Borisov.

En un principio parecía comportarse como un cometa clásico: un núcleo frío y polvoriento activándose gradualmente. Sin embargo, a los pocos meses comenzó a mostrar señales de una actividad inusualmente intensa.

Durante el verano, los astrónomos notaron que su brillo aumentaba cuatro veces más rápido de lo esperado. Poco después, esa tendencia se duplicó, sorprendiendo a los equipos de observación que lo seguían desde tierra y desde el espacio.

Las cámaras solares captaron su estallido lumínico cuando el cometa se volvió invisible para los telescopios terrestres, oculto tras el resplandor del Sol.

Las imágenes de STEREO-A, SOHO y el coronógrafo CCOR-1 de GOES-19 mostraron una extensa nube de gas envolviendo al núcleo y un tamaño aparente de aproximadamente cuatro minutos de arco, evidencia de una enorme coma en expansión.

Uno de los aspectos más llamativos es su color azulado, lo que indica que su luminosidad proviene principalmente de gases excitados por la radiación solar, en especial moléculas como C₂ y NH₂. Estos compuestos sugieren un calentamiento inusual y una rápida liberación de materiales volátiles.

El cometa 3I/ATLAS sorprende a la comunidad
El telescopio espacial James Webb captó el cometa 3IATLAS | Foto: Agencia Enfoque

Un estallido de actividad que rompe las reglas

El análisis también se complementó con observaciones de radioastronomía en Europa, donde se registró un aumento masivo en la producción de radicales OH, derivados de la sublimación del agua. Entre septiembre y octubre, la liberación de estos compuestos se multiplicó por más de treinta, siguiendo la misma tendencia del brillo óptico.

Los investigadores plantean que el cometa pudo atravesar un colapso térmico: capas internas de hielo poco comunes —como CO o CO₂— puede que se sublimaran primero, dejando una costra helada que finalmente se fracturó conforme aumentó el calor solar, liberando una enorme cantidad de gas y polvo en cuestión de días.

Otra hipótesis apunta a su posible estructura porosa e irregular, consecuencia de haberse formado en un ambiente químicamente distinto al de nuestro Sistema Solar. Su baja proporción de C₂, por ejemplo, sugiere un origen en regiones frías de un disco protoplanetario ajeno.

El papel clave de las misiones solares

Aunque no fueron diseñadas para estudiar cometas, las misiones de vigilancia solar resultaron cruciales para seguir el fenómeno. STEREO-A detectó su ascenso de brillo a mediados de septiembre; SOHO continuó observándolo desde el punto L1; y GOES-19 aportó datos detallados de su corona de gas. El equipo de Zhang procesó cientos de imágenes mediante técnicas de apilamiento para medir con precisión la evolución diaria de su luminosidad.

Los resultados confirmaron que la actividad del cometa está dominada por gases, ya que no presenta una cola de polvo evidente.

Incluso el telescopio espacial James Webb se sumó al esfuerzo, observándolo el 6 de agosto de 2025 con su espectrógrafo NIRSpec, datos que están ayudando a reconstruir la composición química de su atmósfera.

¿Qué ocurrirá ahora?

Tras pasar su perihelio el 29 de octubre, el cometa 3I/ATLAS comenzará a reaparecer en los cielos nocturnos entre noviembre y diciembre. Si mantiene su actual actividad, podría volverse accesible a telescopios medianos y convertirse en uno de los objetos más seguidos del año. Sin embargo, algunos especialistas advierten que podría apagarse de golpe o incluso fragmentarse conforme se aleje del Sol.

Battams lo sintetiza con cautela: “Un objeto que viene de otro sistema solar puede comportarse de formas que nunca hemos visto”.

Un mensajero de otros mundos

Los cometas interestelares son fragmentos antiguos expulsados durante la formación de planetas en otros sistemas. Cada uno guarda pistas sobre la química y los procesos que dieron lugar a mundos que nunca veremos directamente. 3I/ATLAS, con su comportamiento impredecible y su luminosidad desbordada, se ha convertido en una ventana excepcional hacia esas historias lejanas.

Como apunta Zhang, “estos visitantes nos recuerdan que el espacio entre estrellas está lleno de restos de mundos perdidos, y que cada uno tiene algo que contarnos cuando cruza nuestro camino”.

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