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Guayas, la provincia de Ecuador más golpeada por el coronavirus, registró un total de 6 mil 700 muertes en la primera quincena de abril.

La cifra confirmada por las autoridades, aumentó significativamente tomando en cuenta que en esa región normalmente mueren mil personas cada 15 días.

Hasta el momento no se tiene el registro de cuántas muertes naturales hubo, sin embargo, Guayas es la provincia de América Latina más afectada por la pandemia de coronavirus.

Con información de BBC

Despiadada y demoledora, la pandemia del Covid-19 se arrojó implacable contra Guayaquil. Por el olor a muerte, con cadáveres en estado de descomposición abandonados en las aceras, en las calles y avenidas o en las casas de sus parientes, ya enfermos, y con una población consternada y atrapada y sin salida por la propagación del coronavirus, las aves de rapiña se abalanzaron a la segunda ciudad más importante de Ecuador y su principal y estratégico puerto en el Océano Pacífico.

La ciudad-puerto, rostro emblemático de Ecuador y crucial centro económico, lucha por sofocar el más grave ataque en su historia contra la salud de sus aproximadamente 3 millones de habitantes, en un golpe por el que colapsaron sus sistemas sanitarios y hospitalarios, así como sus servicios de socorro, emergencia y funerarios.

“Todos aquí estamos desesperados. Esto es muy doloroso”, dijo la ecuatoriana Kenia Navarro, de 19 años y residente del barrio Guasmo Norte, en el sur de Guayaquil, al narrar a EL UNIVERSAL el drama por el azote del coronavirus.

En medio de la acelerada penetración del Covid-19 a Guayaquil, que arreció hace unos 13 días, Julio León Santana, de 60 años y abuelo de Navarro, sufrió un paro cardiaco y pereció en el hogar en el que vivió con la joven ecuatoriana y con otra nieta, su esposa y dos parientes más, pero el cadáver permaneció cuatro días en la vivienda.

“Ignoramos si murió por coronavirus. A la cuarta noche lo vinieron a ver autoridades de Medicina Legal. Nos dieron el acta de defunción y se llevaron el cuerpo. No nos lo han entregado y ni sabemos si lo harán. Así está pasando a mucha gente en el barrio y en otras partes de Guayaquil. Nadie nos quiere ayudar”, relató. Estos y otros testimonios enviados a este diario desde Guayaquil revelaron que la aglomeración humana se agravó en comunidades marginadas y facilitó la transmisión del virus.

La situación se complicó porque ante la rápida proliferación, las capacidades de reacción de los cuerpos de socorro quedaron saturadas, numerosos pacientes tuvieron que quedarse en sus casas y ahí murieron. Las familias decidieron envolverlos en sábanas, cobijas, colchas y bolsas de basura y los dejaron en algún aposento, a la espera de que Medicina Legal los recogiera. Unas funerarias todavía laboran y otras cerraron.

“Pasan las horas y nadie retira los cuerpos. Al tercer día empiezan los malos olores. Las personas llaman a los policías y a emergencias, que ya ni responden o dicen que sólo Medicina Legal puede retirarlos. Las personas entonces deciden sacarlos a la calle. Ya hay bastantes así”, contó Navarro.

En familias en las que murieron padre, madre e hijos, algún deudo —también contagiado— embala los cadáveres, los deja en las casas y se va a vivir a otro sitio. Por eso es que en las redes sociales de ecuatorianos de ambos sexos que viven en Guayaquil abundaron en los últimos días mensajes de súplica como el que lanzó una mujer: “Por favor su ayuda con el levantamiento del cadáver de la madre de una compañera de trabajo”.

“Hay un bebé pequeño en casa, por favor. Piedad”, rogó.

“Por el amor de Dios”, se imploró por ayuda en otro sobre una mujer “que está con el esposo fallecido en Guayaquil abandonada a su suerte y sola con sus hijos. (…) Tengan piedad por favor”.

Otro clamó por auxilio para su cuñado con cuatro días de muerto y cuyo cuerpo quedó en la sala de la casa cubierto con lonas, pero “no aparece ninguna autoridad” para permitir la cremación.

“El impacto del coronavirus es muy fuerte”, aseguró el ecuatoriano Álex Vera, de 36 años y poblador de El Suburbio Oeste, otro barrio de Guayaquil sacudido por la pandemia, al exponer a este periódico su inquietud con una vecina al lado de su hogar.

“Ella murió hace dos días. Su cadáver está embalado y en una caja, afuera de su casa, pero me preocupa que esté así porque tengo tres hijos y más familia y puede contaminarnos y nadie viene a llevarse el cuerpo”, describió.

El Universal

A las miles de imágenes de ciudades vacías y hospitales colapsados impresas alrededor del mundo por la pandemia de coronavirus, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se sumaron en la última semana videos y testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares.

La provincia del Guayas, donde se encuentra Guayaquil, hasta el 1 de abril había reportado más víctimas del covid-19 que naciones latinoamericanas enteras: 60 muertos y 1.937 infectados (1.301, solo en la capital).

El colapso del sistema funerario producto de esta crisis es de tal magnitud que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, debió conformar una fuerza de tarea conjunta para poder enterrar a todas las personas fallecidas.

BBC Mundo se comunicó con algunos de los familiares y vecinos de las víctimas y los testimonios coinciden con aquellas dos palabras que Joseph Conrad destacó en su obra "El corazón de las tinieblas": el horror, el horror.

"Mi tío murió el 28 de marzo y nadie viene a ayudarnos. Vivimos al noroeste de la ciudad. Los hospitales le decían que no tenían camillas y falleció en casa. Nosotros llamamos al 911 y nos pidieron paciencia. El cuerpo sigue ahí en la cama donde falleció, porque nadie lo puede tocar ni nada de esas cosas", cuenta Jésica Castañeda, sobrina de Segundo Castañeda.

Dos mujeres en Guayaquil y de fondo el cuerpo de un hombre tapado en la calle.

Otra joven guayaquileña que vive en el sureste de Guayaquil y quien pidió que no se difunda su nombre, relató que su padre murió en sus brazos y estuvo 24 horas en la casa.

"Nunca le hicieron la prueba del coronavirus, solo nos decían que nos podían agendar una cita y que tome paracetamol. Tuvimos que retirar el cuerpo por medio de particulares porque no tuvimos respuesta del Estado. Uno siente impotencia al ver a su padre así y tener que salir a pedir ayuda".

Pero esta situación no afecta solamente a los muertos por el virus. Wendy Noboa, quien vive en el norte de Guayaquil, cerca de la terminal de autobuses, cuenta la historia de su vecino Gorky Pazmiño, quien murió el domingo 29 de marzo:

"Él se cayó y del golpe en la cabeza murió. Yo llamé al 911 y nunca vinieron. Él vivía con su papá, que tiene más de 96 años, por eso mi angustia. Permaneció en el piso todo un día, hasta que vinieron familiares con la caja para sepultarlo. Pero no lo pudieron sepultar porque no había médico que firmara el certificado de defunción".

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Los casos son tantos que la periodista Blanca Moncada, del diario Expreso, ha comenzado una cadena en Twitter solicitando información de familiares y vecinos de personas que se encuentren en esta situación.

"Tomé esta decisión por el grito desesperado de muchos ciudadanos que tienen que esperar hasta 72 horas e incluso más para que las autoridades recojan los cadáveres que permanecen en las casas; busco cuantificar la magnitud de esta tragedia porque, en cuestión de cifras, Guayaquil es en este momento una gran nube gris".

Enfrentamiento político

El comandante de la Armada Nacional, Darwin Jarrín, quien asumió el 30 de marzo la coordinación militar y policial para la provincia del Guayas, indicó a BBC News Mundo que hasta el jueves 2 de abril, a más tardar, estarán enterrados todos los fallecidos en Guayaquil.

"El Ministerio de Salud entrega en los hospitales el acta de defunción, Policía y CTE (Comisión de Tránsito del Ecuador) trasladan los cadáveres a los dos cementerios -Parques de La Paz en la Aurora y el Panteón Metropolitano en la vía a la costa- y las fuerzas armadas los entierran", señaló Jarrín.

Pero lo ocurrido en la última semana de marzo en la ciudad -donde más de 300 cadáveres fueron recogidos en distintos domicilios por la policía ecuatoriana, según informa el diario El Comercio- puede tener serias consecuencias.

El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.
Para comenzar, la crisis ha enfrentado a la alcaldesa de Guayaquil con el gobierno nacional. Cyntia Viteri, quien se encuentra en cuarentena por haberse infectado con el coronavirus, reclamó el 27 de marzo a las autoridades nacionales por las falencias del sistema público:

"No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger. ¿Qué pasa con nuestros enfermos? Las familias deambulan por toda la ciudad tocando puertas para que los reciba un hospital público, donde ya no hay camas".

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Además de los muertos en los hogares, la ciudad ha tenido que enfrentarse a la pesadilla de muertos en sus calles. Jésica Zambrano, periodista del diario El Telégrafo, le contó a BBC News Mundo su experiencia desde el centro de Guayaquil.

"Mi pareja salió a hacer las compras y se encontró una persona muerta, en las calles Pedro Carbo y Urdaneta. Más temprano nos dijeron que había otro muerto unos cuantos metros más allá. Aquí estamos acostumbrados a ver a mendigos durmiendo en las calles, pero como resultado de esta crisis personas desahuciadas mueren en el centro de la ciudad".

"Golpe a las costumbres"

El 28 de marzo, un día después de las declaraciones de la alcaldesa, el diario El Universo informó sobre los planes del gobierno municipal de enterrar a los muertos en una fosa comúnpero la idea no prosperó.

"Me parece terrible que se haya lanzado la idea de una fosa común en esta ciudad", le dice a BBC News Mundo el sociólogo guayaquileño Héctor Chiriboga.

"Esta es una ciudad donde la clase media, media baja, demoraba el velorio hasta dos días porque tenía que llegar el pariente que vivía en Europa, los migrantes que se fueron después del 2000. Aquí se vestía a los cadáveres y hasta hace poco la Iglesia católica veía con malos ojos la cremación", explica y añade:

"Esto es un golpe para las costumbres de los sectores populares, para el ritual del fallecimiento y del entierro. El hombre que se gana el pan día a día, que tiene una veta cristiana o católica, es un hombre que se deshace al ver que no se va a poder cumplir con el rito".

Un hombre camina por el centro de Quito.Derechos de autor de la imagenEPA
Image captionLas calles de Ecuador están casi desiertas en medio del brote del coronavirus.

Jorge Wated, quien está al frente de la fuerza de tarea designada por el presidente Moreno para el enterramiento de los cadáveres, le dice a BBC Mundo que él no hubiese aceptado esta misión si el mandatario le hubiera pedido hacerse cargo de una fosa común.

"Presido esta fuerza de tareas para levantar a los fallecidos de las viviendas y hospitales de Guayaquil, y para que aquellos que no tienen los servicios exequiales, puedan tener una cristiana sepultura, de forma unipersonal, en un camposanto de la ciudad".

Pero el ingeniero Wated informa que los familiares de las víctimas no podrán asistir al entierro.

El peor escenario

Policía toma la temperatura en las calles de Quito.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionMientras tanto, los controles de temperatura siguen en las calles y rutas de Ecuador.

"Siempre había personas que fallecían en su casa. Lo normal era que un médico determinaba la causa de muerte y luego venía la funeraria. Pero ahora hay un pánico generalizado y se piensa que toda persona que fallece en Guayaquil tiene coronavirus. Entonces las funerarias no se quieren hacer cargo", explica a BBC Mundo Grace Navarrete, médica salubrista que pertenece a la Sociedad Ecuatoriana de Salud Pública.

El comportamiento de las funerarias durante la crisis fue investigado por la periodista Susana Morán, del sitio digital de noticias Plan V, en el artículo "Morir dos veces en Guayaquil".

Morán entrevistó a la dueña de una funeraria que cerró su negocio por temor a un contagio. "Yo ya tengo mis añitos, por ganarme unos centavitos yo no voy a poner en peligro a mi familia", le dijo esta señora a la periodista.

Este miedo se replica también entre los familiares, dice la doctora Navarrete.

"En las casas pasa lo mismo, se muere alguien y nadie toca el cuerpo, en una ciudad en donde el calor hace que el nivel de descomposición de los cadáveres sea más acelerado que en otras partes del país. Yo escuché de un caso de una persona fallecida en su dormitorio cuyos familiares sacaron el cuerpo sobre el colchón a la vereda".

Para el ingeniero Wated, se trata de un conjunto de factores que se combinan en el peor escenario.

"Las funerarias están colapsadas, incluso no tienen personal; los camposantos no tienen capacidad de recibir tanta gente a tanta velocidad; la gente no puede salir de sus casas a hacer los trámites para enterrar a sus fallecidos; el número de muertos crece entre los diagnosticados con covid y la gente sospechosa de haber muerto de covid a la que no se le hizo una prueba: esto genera un cuello de botella".

La enfermedad pública

Dos mujeres con mascarillas caminan por las calles de Quito.Derechos de autor de la imagenEPA
Image captionEcuador atraviesa un colapso del sistema funerario en medio del brote por el coronavirus.

El médico Ernesto Torres cree que la tragedia debe entenderse como un tema de salud pública, ya que, en sus palabras, esto "rebasa el ámbito de la medicina porque tiene que ver con políticas de Estado y del interés real de los gobiernos en la salud de su población".

Para este experto en salud pública, en esta crisis se les ha dado demasiada importancia a los hospitales y no se ha trabajado a nivel comunitario.

"Si trabajáramos intensamente a ese nivel, podríamos evitar que tantas personas congestionen los hospitales. Ahora en los hospitales se trata de apagar incendios con baldes de agua. Podrías haber usado esos baldes de agua para apagar los incendios a nivel local con una brigada sanitaria, donde se involucren personas de la comunidad".

En estas comunidades, sobre todo en las más periféricas, se está produciendo "una verdadera y profunda crisis humanitaria", en palabras de Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos:

"Está bien llamarnos a un aislamiento en los domicilios, pero nunca se pensó en planes de contingencia que garanticen, al menos, la seguridad alimentaria en los barrios periféricos y marginales".

Adriana Rodríguez, profesora de Derecho la Universidad Andina y especialista en derechos humanos, piensa que no es sorprenderte que esto ocurra en una ciudad con una alta desigualdad social.

"Guayaquil es una ciudad que tiene aproximadamente el 17% de su gente en la pobreza y en la pobreza extrema. Lo que ocurre ahora con los cadáveres nos hace pensar en qué cuerpos importan y qué cuerpos no importan. Los recortes en salud pública nos dicen que hay cuerpos que no importan".

Policía en EcuadorDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionEcuador vive "una verdadera y profunda crisis humanitaria", dice Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos.

Sin embargo, para el ingeniero Jorge Wated, esto que ocurre hoy en Guayaquil puede ocurrir en cualquier lugar del continente.

"Yo veo lo que pasa en el resto de Latinoamérica, por ejemplo, lo que pasa en Argentina hoy, y es lo que pasaba aquí tres semanas atrás; las cosas se van a ir complicando, dependiendo de cada país, nosotros estamos tratando de actuar lo más rápido que podemos".

El escritor Milan Kundera decía en su libro "La lentitud" que la velocidad era directamente proporcional al olvido. Es difícil pensar que por más rápido que actúen las autoridades en estas horas, alguien olvide en Guayaquil estos últimos siete días de espanto.

Por ejemplo, en las últimas horas, la Revista Vistazo informó que en la noche del 30 de marzo circuló un video con un grupo de personas en el suroeste de Guayaquil, quemando llantas para reclamar el retiro de un cadáver.

"Incluso, los moradores habrían amenazado con quemar el cuerpo del fallecido, en señal de protesta", cierra la noticia.

El horror, el horror.

BBC

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