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¿Libros gratis en Puebla? La historia de Caseta Cultural Cafre, la iniciativa que impulsa la lectura

Este espacio se encuentra ubicado en la esquina de la 16 de Septiembre y 13 Oriente, una de las esquinas más transitadas del Centro de Puebla, pues por ahí pasan decenas de rutas de transporte público y está a una calle del Parque de El Carmen.

¿Libros gratis en Puebla? La historia de Caseta Cultural Cafre, la iniciativa que impulsa la lectura

Caseta Cultural Cafre es la iniciativa de Gonzalo Yamil Rosas, un joven que busca impulsar la lectura en Puebla. Una estructura abandonada donde vendían periódicos la convirtió en un espacio de venta, trueque y libros gratis. “Puedes comprar un libro, intercambiarlo o simplemente leerlo aquí un rato».

Este espacio se encuentra ubicado en la esquina de la 16 de Septiembre y 13 Oriente, una de las esquinas más transitadas del Centro de Puebla, pues por ahí pasan decenas de rutas de transporte público y está a una calle del Parque de El Carmen.

La caseta comenzó a operar en diciembre y en poco tiempo ha ido creciendo gracias a las donaciones de la gente que pasa por el lugar.

El crecimiento de Caseta Cultural Cafre

Gonzalo explica que al inicio apenas tenía 20 o 30 libros, pero hoy el espacio ya reúne más de 150 ejemplares disponibles para el público.

Además, detrás del local habilitó un pequeño espacio donde guarda alrededor de 300 libros gratuitos, que las personas pueden tomar o donar sin necesidad de avisar.

“Esto es autogestivo. Cada persona que trae un libro está ayudando a que otra tenga acceso a uno más barato o gratis”, explica.

¿Libros gratis en Puebla? La historia de Caseta Cultural Cafre, la iniciativa que impulsa la lectura
La Caseta Cultural Cafre, la iniciativa que impulsa la lectura en Puebla | Foto: Osvaldo Macuil

Libros para leer… aunque sea un momento

Caseta Cultural Cafre no funciona como una biblioteca tradicional: cualquiera puede tomar un libro mientras espera una consulta médica, compra algo o simplemente pasa por el lugar.

“Si alguien está esperando en la farmacia o comiendo una paleta, puede tomar un libro y hojearlo. No necesitas comprarlo para leerlo”, dice.

Cuando alguien decide llevarse uno, la mayoría de los títulos se venden a precios accesibles, generalmente alrededor de 150 pesos. Incluso, si el lector lo termina, puede regresarlo para intercambiarlo por otro.


Rescatar espacios olvidados para la lectura

Además de la caseta principal, Gonzalo empezó a desarrollar otra idea: convertir espacios urbanos abandonados en pequeños módulos de libros gratuitos.

El primero de ellos está en San José, donde transformó una estructura abandonada llena de basura en una pequeña estación de lectura con libros infantiles, colocados frente a una guardería.

“Antes los niños salían y veían un bote de metal lleno de basura. Ahora ven un espacio con libros”, explica.

La dinámica es simple: cualquier persona puede tomar un libro o dejar otro. Nadie vigila el espacio; todo funciona con confianza.

¿Por qué la gente no lee?

Para Gonzalo Yamil Rosas, uno de los grandes problemas de la lectura es el tiempo. Muchas personas, dice, viven tan ocupadas que no encuentran espacio para abrir un libro. Por eso propone una meta sencilla: leer 20 páginas al día.

“Con 20 páginas al día en un mes ya terminaste un libro. Y si te gusta, vas a leer más”, comenta.

También insiste en quitarle la presión a la lectura.

“No pasa nada si no terminas un libro. Lo importante es disfrutarlo”.

¿Libros gratis en Puebla? La historia de Caseta Cultural Cafre, la iniciativa que impulsa la lectura

Aprovechar infraestructura urbana abandonada para puntos de lectura

Durante la entrevista con ALMANAQUE, Gonzalo recibió dos donaciones de libros, lo que deja ver el impacto que ha tenido esta caseta en los pocos meses de funcionamiento.

Por eso, ya imagina nuevos puntos de lectura en la ciudad. Su idea es aprovechar infraestructura urbana abandonada, como antiguas casetas telefónicas, para transformarlas en espacios culturales.

A esta idea la llama “urbanismo cultural”: usar la ciudad para conectar a las personas con los libros.

“Si todos ponemos un libro, todos leemos”, resume.

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