16 junio, 2022

Del Haiku al Jaiqu mexicano: reflejo de un país violento y feminicida

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Pareciera que estos encabezados nunca se van a terminar, y la imaginación nunca se agotará para resumir tanta violencia en un solo guión, que nunca serán suficientes las incómodas pero necesarias conductas de autocuidado que hemos adoptado y normalizado ante la violencia de género en nuestro país.

Las mujeres hemos adoptado formas de cuidarnos, como salir con calzado cómodo por si necesitamos huir, usar ropa holgada para no ser el centro de miradas lascivas. Ponernos audífonos con música o podcast, no sólo por gusto, sino para ignorar el acoso callejero cuando no tenemos energía o no es seguro enfrentar a estas personas, eso sí, con el volumen moderado para estar alertas ante cualquier situación de riesgo. Cuidar que no coloquen nada en nuestras bebidas al salir de fiesta o a cualquier reunión, para después pedirle a nuestras amigas un mensaje de confirmación al llegar a su hogar o a algún lugar seguro, porque es la única manera de quitarnos la zozobra de los peligros durante su trayecto.

"Mandame un mensaje cuando llegues a casa, porfa" es una frase, palabras más, palabras menos pero esencialmente es lo que nos decimos unas a otras, y Oralia Torres de la Peña la utiliza como nombre de su primer poemario donde adapta el género poético japonés denominado Haiku para reinterpretarlo desde su contexto como mujer mexicana, residente de una ciudad localizada al norte del país y lo rebautiza como Jaiqu.

Y hago énfasis en estos tres elementos; ser mujer, mexicana y norestense pues nos ayudan a entender la motivación de Oralia para escribir 52 jaiqus como una manera de protesta social.

Tradicionalmente los Haikus representan escenas naturales o de la vida cotidiana. Son sencillos y breves pues constan de tres versos sin rima de 5, 7 y 5 sílabas. Sin embargo, a diferencia del género nipón, este género mexicanizado por Oralia no transmite la clásica hermosura de la naturaleza, por el contrario,  evocan el peligro al que nos arriesgamos las mujeres, solo por serlo, al vivir en una sociedad donde las mujeres son tomadas como objetos de consumo para el beneficio del placer machista. 

Estos versos nos llevan a sentir terror pero no uno espectral sino uno real. Un horror que nos puede pasar a cualquier mujer en México: el ser violentadas física, sexual o psicológicamente. Aquel miedo experimentado por tantas. Como dice Ricardo Piglia en su libro “El último lector” y aunque poco tiene que ver con este tema se adapta muy bien a lo que quiero expresar: “En este caso el criminal sustituye a los fantasmas. El mundo de espectros o terrores nocturnos se transforman en amenazas sociales y crímenes “.

Es impresionante como las palabras precisas, combinadas adecuadamente y la brevedad pueden impactar tanto que provocan sentimientos de impotencia,de angustia, de ansiedad y pánico pues estos breves poemas nos recuerdan situaciones, imágenes e incluso nombres, como dice la prologuista de este poemario Marcela Cruz Felix.  Son el reflejo de lo que nos ha pasado a muchas. Lamentablemente estos sentimiento son colectivos y aunque los contextos pueden ser distintos, el común denominador es vivir en un país llamado México, violento, machista, feminicida y haber nacido mujer.

Tanto el Haiku tradicional como el Jaiqu transmiten la impresión que ha causado la observación de algo, pero los poemas de Oralia evidencian otra cara de la realidad: El peligro latente que vivimos en nuestra cotidianidad, el miedo de que algún día la vida de nuestras amigas, hermanas, madres o incluso la de nosotras mismas termine reducida injusta y repulsivamente en una cifra para la estadística que el gobierno pronto ignorará y le interesará maquillar.

Esta violencia de género nos está cansando, por eso es necesario expresarlo, protestar de diferentes formas y desde distintos frentes como el arte, en este caso el jaiqu mexicano.  Y como bien dice Oralia “Va por y para quienes aprendimos a vivir y disfrutar del presente a pesar del estremecimiento constante en la nuca”

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