17 octubre, 2021

Lalo Rivera, el renacido

Gerardo Ruiz
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Lo que en política a nadie se le puede dar por muerto es un mito muy manido que perfectamente se puede aplicar en Lalo Rivera, quien tras su primera aventura en el Ayuntamiento de Puebla hace una década ha tenido varias resurrecciones, hablando de manera metafórica.

Si algo caracteriza a Rivera Pérez, además de su decencia y su experiencia, como así lo definió el propio gobernador Miguel Barbosa durante la sesión solemne del Cabildo del pasado viernes, es su perseverancia y su capacidad de sobrevivencia ante cualquier circunstancia.

Resiliencia, como a Lalo le gusta llamarle.

Y es que, la carrera política del panista es el ejemplo perfecto de lo que una persona resiliente debe ser.

El camino de los últimos diez años de Eduardo Rivera han sido una verdadera montaña rusa llena de subidas y bajadas.

Durante su primera estancia en el Charlie Hall, Lalo padeció y sobrevivió a una brutal embestida, una real y no una inventada como de la que se dijo víctima la impresentable Claudia Rivera, desde el gobierno del estado por órdenes de Rafael Moreno Valle.

Rivera Pérez, quien siempre se mantuvo firme y sin dar un paso atrás, se enfrentó al siniestro ex gobernador fallecido, quien utilizó todos los medios a su alcance y hasta modificó las leyes para vengarse en contra del edil y de todos los panistas quienes defendieron a su partido contra la irrupción del expriista.

Lalo sí sufrió en carne propia lo que es gobernar un municipio con la sombra de un exgobernador que siempre buscó cortarle la cabeza y aun así logró entregar buenas cuentas a tal grado que su imagen se mantuvo siempre vigente y con una buena aceptación entre los ciudadanos de la capital del estado.

Tras el fin de su gobierno municipal, Lalo Rivera inició un tortuoso camino al desierto lleno de amenazas, hostigamientos y hasta intentos de quitarle todo su patrimonio y hasta el de su familia.

Como olvidar en la LVIII Legislatura del Congreso del estado, comandada por los nefastos Eukid Castalón, Jorgito Aguilar Chedraui y Patricia Leal, se operaron todas las infamias en contra de Eduardo a quien buscaron fincarle por todas las vías responsabilidades administrativas e inhabilitarlo por el supuesto mal manejo de los recursos públicos en su administración con auditorías inventadas desde la Comisión Inspectora.

Lalo Rivera fue objeto de una campaña brutal de desprestigio en la que se involucraron hasta a sus hijos y a su esposa Liliana Ortiz, a quien intentaron despojarle una casa por órdenes del megalómano de Moreno Valle.

El alcalde de Puebla capital sobrevivió a la embestida morenovallista y la justicia siempre lo asistió, pues jamás pudieron inhabilitarlo ni fincarle ningún tipo de sanción, administrativa o económica, como fue la intensión del siniestro Rafael.

El panista al que daban por muerto en el 2013 sobrevivió.

Luego de cinco años de retiro, Rivera Pérez fue reactivado por Acción Nacional, con la autorización de Moreno Valle, para las elecciones del 2018 para buscar por segunda ocasión el Ayuntamiento de la Angelópolis, pues ninguno de los liliputienses del ex mandatario, ni Aguilar Chedraui ni Luis Banck ni Tony Gali jr ni Javier Lozano ni nadie, podían asegurarle los suficientes votos en la capital para cuadrar los números para el fraude que llevaría a Martha Erika Alonso al gobierno del estado.

Con la derrota previsible por el tsunami de Andrés Manuel López Obrador muchos se aventuraron a dar por muerto a Lalo Rivera y una vez más se equivocaron.

El hijo pródigo del panismo poblano una vez renació.

La resiliencia llegó de nuevo a Lalo Rivera, quien tuvo la suficiente paciencia para trabajar en una reinvención de su persona y su proyecto político con miras a las elecciones pasadas del 2021.

Lalo orquestó, de manera discreta y sin desbordarse, en una estrategia en la que cada error cometido por Claudia Rivera sería una ventaja para él.

Así, el panista llegó a los comicios de junio pasado, tras derrotar en la interna a Genoveva Huerta y a su grupo de marginales, como el candidato a vencer con una ventaja inalcanzable antes de iniciar las campañas.

Lalo Rivera hoy es un hombre diferente, más relajado y maduro, en la cúspide de su carrera político y con un gran futuro a corto plazo por delante.

Esto quedó más que claro durante su primer discurso como alcalde de Puebla para el periodo 2021-2014 en el Centro Expositor de los Fuertes, en donde se dieron cita los panistas puros, así como gran parte de las vacas sagradas de Acción Nacional como Marko Cortés, Felipe Calderón, Margarita Zavala, Cecilia Romero, y otros políticos de grandes ligas como Miguel Ángel Osorio Chong.

No solo eso, el recinto al norte de la ciudad fue testigo de una serie de mensajes que darán mucho de qué hablar en las próximas semanas para los analistas políticos y los fanáticos de las especulaciones.

Como lo mencioné en mi última entrega, las expectativas generadas por el gobierno de Eduardo Rivera son iguales a las demandas de resultados inmediatos.

La apuesta ya está hecha: 120 días para cambiarle la cara a la ciudad de Puebla.

Rivera Pérez es un verdadero profesional en la supervivencia política.

Lalo, el renacido.

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